Evitar los excesos de grasas y de colesterol en la comida no es tanto cuestión de hacer una dieta súper estricta. Sino de rever viejos hábitos de cocina para hacerla más sana y, de paso, igualmente sabrosa. Los fritos, por supuesto, no deberían figurar en la dieta saludable de nadie.
Por eso podrá reemplazar el aceite por rocío vegetal; incluso algunas verduras pueden rehogarse en un poquito de caldo. El exceso de sal y los condimentos fuertes pueden reemplazarse por una buena combinación de hierbas y especias: una comida, para ser apetitosa, no debe adormecernos el paladar con el picante y, usando buenos condimentos con mano astuta, se pueden lograr sabores muy ricos. Para las pastas, evite las salsas caldosas, con mucho jugo y grasa; prepárelas con las auténticas salsas italianas, más sequitas y con mucha verdura y color. Si hace sopas, prepare el caldo base con carne magra: de vaca, desgrasada y si prefiere caldo de ave, sin piel y en lo posible de alguna parte poco grasa (por ejemplo la pechuga). Recuerde también que el caldo de pescado es suave y menos graso. No recocine los alimentos en las salsas; sea estricta con los tiempos de cocción y tenga en cuenta que las salsas deben saborizar los alimentos, no impregnarlos. Poniendo en práctica estos sencillos consejos descubrirá que sus comidas ganan puntos en sabor y salud.
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